
Duele al darte la vuelta en la cama. Al subir un bordillo. Al ponerte los pantalones de pie. A veces detrás, sobre el sacro, y a veces justo delante, en el pubis, con una sensación rara al separar las piernas.
Tiene nombre — dolor de cintura pélvica relacionado con el embarazo — y no es «lo normal del embarazo» en el sentido de aguantarse y punto. Es frecuente, sí. Pero también se puede tratar.
Cuántas mujeres lo tienen

Una revisión clásica publicada en European Spine Journal estimó que alrededor del 45 % de las embarazadas tiene dolor lumbopélvico en algún momento de la gestación, y que en torno al 25 % lo sigue teniendo tras el parto. En una parte de ellas es lo bastante intenso como para limitar el día a día.
Así que si te está pasando, estás en compañía de casi la mitad de las mujeres embarazadas. Lo que no significa que no merezca atención.
Por qué aparece (y por qué la relaxina no lo explica todo)
La explicación que más se repite es que las hormonas del embarazo «aflojan» los ligamentos y la pelvis se vuelve inestable. Es una media verdad. Sí hay cambios en el tejido, pero los estudios que han medido niveles hormonales no encuentran una relación clara con quién tiene dolor y quién no.
Lo que sí se observa es un problema de transferencia de carga: la pelvis tiene que repartir el peso entre las dos piernas y el tronco, y con un centro de gravedad que cambia cada mes, más peso y menos margen muscular, hay gestos que dejan de gestionarse bien. Por eso duelen justo los movimientos asimétricos: girarte en la cama, una pierna sola, escaleras.
Y una cosa importante para quitarte un peso de encima: la pelvis no se está descolocando ni abriendo de más. Duele, pero no se está rompiendo nada.
Qué ayuda de verdad
Las guías europeas para el dolor de cintura pélvica recomiendan ejercicio individualizado y específico, información clara sobre lo que ocurre, y el uso de cinturón pélvico como apoyo puntual, no como solución permanente.
Sobre el ejercicio hay un matiz honesto que conviene conocer: la revisión sistemática publicada en el British Journal of Sports Medicine concluyó que el ejercicio prenatal reduce la intensidad del dolor, pero no evita que aparezca. Es decir, no es una vacuna; es una herramienta que baja el volumen y mejora la función.
En la práctica, lo que más cambia el día a día suele ser mundano: reducir la asimetría en los gestos que más duelen. Sentarte para vestirte. Juntar las rodillas y girar en bloque para levantarte de la cama. Subir escaleras de una en una si hace falta. Repartir la compra en dos bolsas. Y a la vez, mantener fuerza de cadera y de tronco, que es lo que sostiene la pelvis cuando estás de pie.
No todos los dolores de pelvis en el embarazo son iguales, y por eso el mismo ejercicio no le sirve a todo el mundo. Hay pruebas clínicas concretas que orientan si el problema está delante, detrás o en la transferencia de carga. Es lo primero que valoramos en pilates para embarazo y postparto.
Y la pubalgia, ¿es lo mismo?
Es la variante que se localiza delante, en la sínfisis del pubis. Duele al separar las piernas, al caminar mucho rato, al girarte en la cama, y a veces se acompaña de un chasquido. Se maneja con la misma lógica: menos asimetría, carga adaptada, y en los casos más limitantes, cinturón pélvico y ajuste del ritmo de actividad.
Si el dolor es muy intenso, te cuesta caminar o te despierta cada noche, no lo dejes correr hasta después del parto. Se puede trabajar durante el embarazo.
¿Se va después del parto?
En la mayoría de los casos mejora mucho en los primeros meses. Pero en una parte de las mujeres persiste, y ahí conviene no esperar: el dolor que sigue meses después del parto ya no depende del peso del embarazo, sino de cómo se está repartiendo la carga ahora. Y eso se entrena.
Lo que solemos decirles en consulta
Que duela no significa que se esté dañando algo. Que el reposo total suele empeorarlo. Que cambiar cuatro gestos cotidianos hace más de lo que parece. Y que llegar al parto moviéndote y con fuerza es, además, la mejor preparación para el postparto.
¿Te duele la pelvis o el pubis desde que estás embarazada?
Valoramos de dónde viene, ajustamos los gestos que más te limitan y trabajamos fuerza adaptada a tu trimestre. No hay que esperar al parto.
Referencias
- Wu WH, Meijer OG, Uegaki K, et al. Pregnancy-related pelvic girdle pain (PPP), I: terminology, clinical presentation, and prevalence. European Spine Journal. 2004;13(7):575–589.
- Vleeming A, Albert HB, Östgaard HC, Sturesson B, Stuge B. European guidelines for the diagnosis and treatment of pelvic girdle pain. European Spine Journal. 2008;17(6):794–819.
- Davenport MH, Marchand AA, Mottola MF, et al. Exercise for the prevention and treatment of low back, pelvic girdle and pelvic floor pain during pregnancy: a systematic review and meta-analysis. British Journal of Sports Medicine. 2019;53(2):90–98.
- Mottola MF, Davenport MH, Ruchat SM, et al. 2019 Canadian guideline for physical activity throughout pregnancy. British Journal of Sports Medicine. 2018;52(21):1339–1346.
Revisión clínica
Andrea Martín Riera
Fisioterapeuta · Col·legi de Fisioterapeutes de Catalunya, nº 16140
Fisioterapeuta en AIRA Fisioterapia + Pilates (Tarragona). Trabaja en fisioterapia pediátrica y respiratoria infantil, salud de la mujer y ejercicio terapéutico.
Última revisión: agost de 2026
Este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye una valoración, un diagnóstico ni un tratamiento realizados por un profesional sanitario. Ante cualquier duda sobre tu salud o la de tu hijo, consulta con tu médico, tu pediatra o tu fisioterapeuta.