Dolor lumbar: qué hacer, qué evitar y cuándo preocuparse

Silla de oficina vacía junto a un escritorio

Te agachaste a coger algo del suelo, o simplemente te levantaste de la silla, y la espalda dijo basta. Duele al moverte, duele al estar quieto, y lo primero que aparece en la cabeza es la palabra hernia.

El dolor lumbar es el problema musculoesquelético más común que existe. También es el que más mitos arrastra. Vamos con lo que sostiene la evidencia.

Lo primero: casi nunca hay una lesión que encontrar

Cojín lumbar en una silla de madera, dolor lumbar

Entre el 90 % y el 95 % de los dolores lumbares se clasifican como inespecíficos: no se le puede atribuir una causa estructural concreta. Conviene entender qué significa eso, porque se malinterpreta en las dos direcciones.

No significa que el dolor sea imaginario. Significa que no hay una pieza rota que señalar, y que el disco, la vértebra o el músculo que aparecerían en una prueba no explican por sí solos lo que te pasa. Es una cifra por exclusión, no un diagnóstico.

El reposo: la evidencia va en contra, pero con matices

La revisión Cochrane sobre este tema comparó el consejo de guardar cama con el de mantenerse activo. En la lumbalgia aguda sin ciática, mantenerse activo es mejor, con evidencia de calidad moderada, aunque los efectos son pequeños.

Y cuando hay ciática, la conclusión es distinta y más honesta: no hay diferencia demostrada entre reposar y mantenerse activo. Así que si alguien te dice que el reposo empeora la ciática, está yendo más allá de lo que dicen los datos.

Lo defendible, entonces, es esto: moverse dentro de lo que tolere el dolor es la opción razonable por defecto, y meterse en la cama una semana no ayuda.

¿Me hago una resonancia?

Salvo que haya señales de alarma, no. La guía británica NICE lo dice sin rodeos: no ofrecer pruebas de imagen de rutina. Y no es una cuestión de ahorrar dinero.

Una revisión sistemática comparó hacer imagen frente a no hacerla y encontró, con calidad moderada, que la imagen aumenta los costes y el uso de recursos (más infiltraciones, más cirugía, más medicación) sin mejorar el dolor ni la función. En los ensayos aleatorizados no hubo diferencias en bajas laborales; los estudios observacionales sí las encontraron, pero con calidad baja.

El problema de fondo es que las resonancias encuentran cosas en casi todo el mundo. Ver un disco degenerado a los 45 años es tan esperable como ver una cana.

La postura: el mito que peor ha envejecido

«Es que levantas mal el peso», «te sientas fatal». Una revisión sistemática con metaanálisis buscó si flexionar más la espalda al levantar peso se relaciona con tener dolor lumbar. No encontró ninguna asociación. Y en los estudios transversales, las personas con dolor flexionaban seis grados menos, no más.

La conclusión de los autores fue que el consejo de evitar doblar la espalda es «difícil de justificar» con la evidencia actual. Dicho esto, no conviene sobrecorregir: la certeza de esos datos es baja y solo hubo un estudio longitudinal. Lo honesto es decir que no hay evidencia de que doblar la espalda cause lumbalgia, no que la postura sea irrelevante para todo.

Si llevas semanas con dolor y nadie te ha explicado qué te pasa, esa explicación es parte del tratamiento. La educación sobre el dolor tiene efecto medible por sí sola. Es lo primero que hacemos en fisioterapia musculoesquelética, antes de tocar nada.

Qué ejercicio funciona

La revisión Cochrane más grande sobre el tema (249 estudios, casi 25.000 personas) encontró que el ejercicio reduce el dolor en 15 puntos sobre 100 frente a no hacer nada, lo cual es clínicamente relevante. Sobre la función el efecto fue menor, de menos de 7 puntos, por debajo del umbral que se considera importante.

¿Qué tipo? Un metaanálisis en red con 217 ensayos situó por delante el Pilates, el método McKenzie y los programas de restauración funcional, con el fortalecimiento del core en cuarto lugar y el fortalecimiento general entre los menos eficaces. Pero la certeza es baja o moderada y estos análisis son frágiles.

La lectura sensata no es «hay que hacer Pilates». Es que el core no es la solución mágica que se ha vendido, y que el mejor ejercicio es el que vayas a hacer de forma sostenida.

Lo que las guías desaconsejan directamente

NICE y la Organización Mundial de la Salud coinciden en recomendar no usar tracción, ultrasonidos, TENS ni fajas o corsés lumbares como parte del tratamiento habitual. La OMS añade opioides y varios grupos de fármacos.

Un matiz de honestidad: se desaconsejan porque no hay pruebas de que sirvan, no porque se haya demostrado con alta certeza que son inútiles. La certeza de esas recomendaciones es en varios casos muy baja. Es una diferencia real, aunque la conclusión práctica sea la misma.

Señales de alarma

Hay que consultar sin esperar si aparece pérdida de fuerza en la pierna, adormecimiento en la zona de la silla de montar (entrepierna y periné), dificultad para orinar o incontinencia, fiebre, pérdida de peso sin explicación, dolor que no cede en absoluto por la noche, o dolor tras un traumatismo importante, sobre todo si tienes más de 70 años o tomas corticoides.

Sobre esto también toca ser preciso: cuando se revisaron todas las banderas rojas descritas, solo cuatro resultaron realmente útiles para detectar una fractura vertebral, y ninguna lista larga está validada. Sirven para estar atentos, no para autodiagnosticarse.

Lo que solemos decir en consulta

Que la espalda no es frágil. Que la mayoría de los episodios mejoran, aunque puedan repetirse. Que la prueba de imagen rara vez cambia lo que hay que hacer. Y que el objetivo no es «colocar» nada, sino volver a moverte con confianza y aguantar más carga que antes.

¿Llevas tiempo con dolor de espalda y nadie te lo ha explicado bien?

Valoramos qué te limita de verdad, descartamos lo que hay que descartar y trabajamos con ejercicio progresivo. Sin fajas ni aparatos que no sirven.

Ver fisioterapia musculoesquelética

Referencias

  1. National Institute for Health and Care Excellence. Low back pain and sciatica in over 16s: assessment and management. NICE guideline NG59. Londres: NICE; 2016 (actualizada en 2022).
  2. Organización Mundial de la Salud. WHO guideline for non-surgical management of chronic primary low back pain in adults in primary and community care settings. Ginebra: OMS; 2023.
  3. Oliveira CB, Maher CG, Pinto RZ, et al. Clinical practice guidelines for the management of non-specific low back pain in primary care: an updated overview. European Spine Journal. 2018;27(11):2791–2803.
  4. Hayden JA, Ellis J, Ogilvie R, Malmivaara A, van Tulder MW. Exercise therapy for chronic low back pain. Cochrane Database of Systematic Reviews. 2021;9:CD009790.
  5. Hayden JA, Ellis J, Ogilvie R, et al. Some types of exercise are more effective than others in people with chronic low back pain: a network meta-analysis. Journal of Physiotherapy. 2021;67(4):252–262.
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  9. Han CS, Hancock MJ, Downie A, et al. Red flags to screen for vertebral fracture in people presenting with low back pain. Cochrane Database of Systematic Reviews. 2023;8:CD014461.

Revisión clínica

Andrea Martín Riera

Fisioterapeuta · Col·legi de Fisioterapeutes de Catalunya, nº 16140

Fisioterapeuta en AIRA Fisioterapia + Pilates (Tarragona). Trabaja en fisioterapia pediátrica y respiratoria infantil, salud de la mujer y ejercicio terapéutico.

Última revisión: agost de 2026

Este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye una valoración, un diagnóstico ni un tratamiento realizados por un profesional sanitario. Ante cualquier duda sobre tu salud o la de tu hijo, consulta con tu médico, tu pediatra o tu fisioterapeuta.

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